Diario

Reflexiones

Ser devoto de María es...

Ser devoto de María es una prenda de salvación que Dios da a los que quiere salvar (S. Juan Damasceno). Por eso, es nuestra deber de tener un amor filial a nuestra Madre, María, si no la tenemos y los que ya lo  tiene aumentarlo. Ella es llamada con el nombre de: Vaso espiritual, porque desde cuando Dios entró en su seno con todas sus perfecciones, este Vaso se convirtió en mansión espiritual. Depositemos pues, todo lo que Dios nos da en este Vaso Purísimo y será bien guardada y no conocerá la corrupción ni será robado por el demonio.

 

Ella es también la tesorera, administradora y dispensadora de todas las gracias de Jesús. Pues, Dios Padre, al darla su Hijo,  le dio todas  las gracias, de ahí se le atribuye el nombre de: Mater gratiae. Y, según San Bernardino, “las reparte a quien quiere, como quiere, cuando quiere y cuanto quiere…”. Acudamos pues a Ella con confianza siempre que estemos en cualquier necesidad y nos socorrerá en todo. Es verdad que también Dios concede gracias que no se la pidan explícitamente por medio de María, pero la invocación de María nos hace hallar su protección, porque Jesús nos la dio como Madre. Pues ¿qué madre no cuidará de sus hijos y sobre todo si acuden a ella con confianza y amor filial?

 

Ahora que se acerca la Cuaresma, nos encomendamos a María, para que nos prepare para poder comenzar a su momento este tiempo de gracia con buenas disposiciones. Que Ella nos acompañe siempre como acompañó a su Hijo hasta el calvario y que sostenga nuestra fe cuando las olas de las tempestades de esta vida intentan apagarla, como sostuvo la fe de la Iglesia naciente.

Lunes, 21 de noviembre

¡Sí, quiero ser santa!

 

“¡Oh, mi Cristo amado, te pido ser revestida de Ti mismo!” ésta fue la oración constante de la Bta. Sor Isabel de la Trinidad a su Divino Esposo. Ciertamente la misión de la vida contemplativa es: Ser reflejo del Amor de la Trinidad, ser luz para la humanidad. Una monja/je no ingresa al convento para olvidarse de la humanidad sino para pedir por ella y siguiendo el ejemplo del Maestro entregarse a su obra redentora por amor. Su única aspiración es encarnar en sí misma al Verbo y anunciar la vida eterna.


Hace poco más de una semana nuestra Hna. Mª Auxiliadora, pasó a la casa del Padre. Fue una persona de gran sencillez y caridad, un alma enamorada de Cristo y tenida por  todas las que la conocimos como santa. Poco amiga de escribir sus intimidades espirituales, pero como “no se enciende una lámpara para ocultarla debajo la mesa sino para que alumbre a todos”, ella nos dejó unas líneas en la que vislumbramos su vida espiritual: “Quiero buscar tu rostro Señor. Que  no se apague mi fe, no me importa estar ciega, espero, confío, te amo. Creo en tu amor para conmigo, soy tuya. Déjame que te vea en todos los acontecimientos. Ayúdame a vencerme, a ser más dócil y delicada en la caridad. Sí, quiero ser santa” Y, ciertamente murió como una gran santa llena de felicidad y de alegría de ir al cielo, deseo que exteriorizaba en gestos y palabras. Como dijo ella la noche antes de morir al ponerle el escapulario de la Virgen Mª Auxiliadora: “¡Ahora comienza todo”! Que ella interceda por todos nosotros.

Domingo, 20 de noviembre

Jesús subió a la montaña y llamó a los que quiso (Mc 3, 13)

EL 21 de noviembre, día de la Presentación de la Virgen, es el tercer día señalado a nuestra Archidiócesis, para rogar especialmente por las vocaciones;  y reflexionando las diferentes respuestas que se dan a este pasaje del Evangelio y del cómo a veces se ignora que la vocación es sobrenatural,  y que no la podemos inventar nosotros, me llamó la atención estas palabras: Llamó a los que quiso. No cuenta nuestros méritos o deméritos, Jesús llama a quien quiere. Así que el que tiene como el que no tiene vocación han de dar gracias al Señor por recordarnos en cada vocación que él permanece entre nosotros como lo prometió: el llamado se convierte en testigo y testimonio del amor de la Trinidad para sus hermanos.

Pero ¿a quienes llama Dios? No llama al sabio, no al ignorante, no al pobre; sino simplemente llama a los que él quiere, y a cada uno por su nombre. Y vemos cómo en la viña del Señor hay mucha variación de dones y carismas que mutuamente se necesitan e iluminan en el camino a la santidad. En los testimonios vacacionales se termina: Soy feliz, me siento dichoso, etc. La felicidad la encuentras en ese continuo entregarte al Amor, donde se pone en juego todo tus dones naturales y sobrenaturales, confiando en que si él llamó a su lado a los que quiso,  ynos amó primero, estará con nosotros en los días de sol y en los de tiniebla, él es Justo y Fiel. Estemos atentos y dispuestos a la voz del Amado que llama siempre. Que Jesús María, José y todos los santos nos ayuden a dar ese gran Sí al Señor que cambiará nuestras vidas y las del prójimo.

Lunes, 1 de noviembre

Noviembre: Mes de Todos los Santos y Santas Ánimas

¿Cuándo, Señor, tendré el gozo de verte?

Déjame, Señor, así; déjame que en ti me muera, mientras la brisa en la era dora el tamo que yo fui.

 

Este mes siempre nos trae el recuerdo de los que aquí amamos y que hora ya no están físicamente con nosotros; nos lleva a pensar ¿qué hay después de esta vida? ¿Qué es la muerte? A Todo mortal nos llegará este momento para poder unirnos con la Vida Eterna, Dios.

 

Pensar en este día a algunos les llena de tristeza, miedo, y a otros de júbilo ¡qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa Señor! El pensar que de este mundo iremos al Padre nos tiene que trae paz, gozo espiritual ¿quién no quiere ir a su casa y ver cara a cara, amar sin estorbos y para siempre a quien en la tierra hemos deseado amar con pureza de espíritu? Ciertamente que todos. El hombre está hecho para la felicidad y belleza, sus días no ha de terminar en desgracia. Hemos de vivir en comunión con Dios Trinidad, para que ese día nos coja preparados: “Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor”. Importa mucho meditar este día no como un fatal desenlace y castigo si no con fe y esperanza ¿Qué puede temer el hombre que ha buscado siempre cumplir la voluntad de Dios? ¿O el pecador arrepentido  que confiado espera en la misericordia del Señor? Dejemos que él sea nuestro Juez y nosotros vivamos con las lámparas encendidas por el fuego de la caridad esperando al Esposo con los brazos bien abierto y decir con el poeta: “Coge, Señor, mi abundancia, mientras se queda en el viento el olor del corazón; olor de un corazón que te ha amado con todas sus fuerzas, fuerzas que pusiste tú en él”. Que el Señor nos dé su gracia para que cuando sea el momento de decir adiós a este mundo sea con paz y esperanza.

Martes, 8 de noviembre

Son muchos los llamados y pocos los escogidos...

 

Dios es quien por sus designios de amor y misericordia llama entre los cristianos, personas para seguirle más de cerca viviendo la misma vida que vivió Él al venir al mundo.

Los religiosos representan y reviven la vida de Jesús mediante los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia. Se entregan enteramente a Dios y a los hombres por medio de los votos religiosos, y tratan de ir configurándose con Cristo o bien, se dejan configurar con Él. Por eso, la vida religiosa es un don especial y esencial para la Iglesia. El Bto. Juan Pablo II afirmó que “sin la vida consagrada, la Iglesia ya no sería de verdad ella misma.” los consagrados son llamados a contribuir en la labor apostólica de la Iglesia, sin embargo, “el valor de su ser religioso es todavía mayor”. De ahí la necesidad de este estilo de vida en la Iglesia que nunca se extinguirá, aunque aparentemente parece desaparecer.

Que María, modelo perfecto de toda la vida consagrada interceda por todos los religiosos, para que viviendo las exigencias que comporta esta vida, sean otros cristos en el mundo que lleven la vida y la luz a todos.

Miércoles, 9 de noviembre

La oración con María

 

La oración es muy necesaria en nuestra vida espiritual. Igual que ventilamos una habitación, nuestra alma también necesita ventilarse, y se ventila con la oración. María aunque vivía una vida ordinaria de una mujer sencilla, tenía su corazón fija en Dios. Su oración era constante porque vivía, a pesar de los quehaceres diarios, en la presencia divina. Vivir en la presencia divina no es otra cosa que hacer con amor y por amor a Jesús aquello que nos toca en el momento presente. A veces nos matamos de preocupaciones sinfín de lo que ya ha pasado o cálculos del futuro irreal. Aprovecharíamos más aceptando las cosas tal como han sido y abandonar todo amorosamente en la Misericordia Divina. Está bien que tengamos ideales y metas altas hacia el futuro, pero de toda manera lo conseguiremos estos ideales empezando a vivir fielmente este hoy, este ahora, con la gracia de Dios. Por tanto, abandonemos el futuro en la Divina Providencia y si nos esforzamos a vivir bien el presente, Él se cuidará de nosotros tanto el presente como en el futuro, es decir, siempre.

Orar no es una tarea encomendado a los monjes o monjas. Si somos cristianos de veras hay excusa de no orar. Todo cristiano tiene el deber de vivir su vida de cristiana. Y la primera cosa que debe practicar es la oración. San Agustín afirma: “Nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.” Dios nos ha hecho para Él y nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en Él. No hemos sido creados para las cosas de este mundo sino para Él. Nuestro corazón debe ser poseído por Él y usar las cosas con un corazón desprendido. Todo lo que hacemos en nuestra vida diaria, si hacemos con pura intención, oramos. En otra parte dice San Pablo a los corintios: “…cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios.” Pues procuremos unida a la Virgen María vivir en esta presencia de Dios, cumpliendo nuestros deberes fielmente y la mejor manera y así Dios será glorificado en cada acto que realicemos.